Formas misteriosas

17/III

. . . de toda temporada de aflicción y sufrimiento, cuando la mano de Dios parecía pesada o aun injusta, se aprendieron nuevas lecciones para vivir, se descubrieron nuevos recursos de valor y finalmente en forma ineludible, vino la convicción de que Dios “se mueve en forma misteriosa para hacer Sus maravillas”.

Doce pasos y doce tradiciones, p. 111

Después de perder mi carrera, mi familia y la salud, todavía no me convencía de que mi manera de vivir necesitaba una revisión. Creía que estaba destinada a morir sola y que lo merecía. En la cima de mi desesperación, mi niñito de corta edad se enfermó gravemente con una rara enfermedad. Los esfuerzos de los doctores fueron infructuosos. Yo redoblé mis esfuerzos para amortiguar mis sentimientos pero el alcohol ya había dejado de surtir su efecto. Quedé sola mirando fijamente a los ojos de Dios, suplicando su ayuda. A los pocos días, por una extraña concatenación de coincidencias, tuve mi primer contacto con A.A. y desde entonces he permanecido sobria. Mi hijo vive y está mejorando. Todo el episodio me convenció de mi impotencia y de lo inmanejable que era mi vida. Hoy, mi hijo y yo estamos agradecidos a Dios por Su intervención.

Spring flowers 3

Mysterious Ways

. . . out of every season of grief or suffering, when the hand of God seemed heavy oreven unjust, new lessons for living were learned, new resources of courage were uncovered, and that finally, inescapably, the conviction came that God does “move in a mysterious way His wonders to perform.”

Twelve Steps and Twelve Traditions, p. 105

After losing my career, family and health, I remained unconvinced that my way of life needed a second look. My drinking and other drug use were killing me, but I had never met a recovering person or an A.A. member. I thought I was destined to die alone and that I deserved it. At the peak of my despair, my infant son became critically ill with a rare disease. Doctors’ efforts to help him proved useless. I redoubled my efforts to block my feelings, but now the alcohol had stopped working. I was left staring into God’s eyes, begging for help. My introduction to A.A. came within days, through an odd series of coincidences, and I have remained sober ever since. My son lived and his disease is in remission. The entire episode convinced me of my powerlessness and the unmanageability of my life. Today my son and I thank God for his intervention.

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