Abandonar la obstinación

09/III

Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.

Doce pasos y doce tradiciones, p. 37

Por deseoso que se esté de hacerlo, ¿exactamente cómo puede uno poner su voluntad y su vida al cuidado del Dios que crea existir? En mi búsqueda de la respuesta a esta pregunta, llegué a apreciar la sabiduría con la que el Paso fue escrito: es un Paso de dos partes.

Podía ver que en mis días de bebedor había muchas ocasiones en que debería haber muerto o, al menos, debería haber sido herido; pero esto nunca sucedió. Alguien, o algo, me estaba cuidando. He decidido creer que mi vida siempre ha estado bajo el cuidado de Dios. Sólo El dispone el tiempo que se me concederá hasta la muerte física.

El asunto de la voluntad (la voluntad de Dios o la mía) es la parte del Paso que es más difícil para mí. Solamente cuando he experimentado suficientes dolores emocionales, por medio del fracaso de mis intentos de repararme a mí mismo, puedo llegar a estar listo a someterme a lo que Dios tiene dispuesto para mí. La sumisión, la entrega, es como la calma después de la tormenta. Cuando mi voluntad está conforme con la voluntad de Dios, hay paz interior.

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Surrendering Self-Will

Made a decision to turn our will and our lives over to the care of God as we understood Him. 

Twelve steps and twelve traditions, p. 34

No matter how much one wishes to try, exactly how can one turn his own will and his own life over to the care of whatever God he thinks there is? In my search for the answer to this question, I became aware of the wisdom with which it was written: that this is a two-part Step. I could see many times where I should have died, or at least been injured, during my previous style of living, and it never happened. Someone, or something, was looking after me. I choose to believe my life has always been in God’s care. He alone controls the number of days I will be granted until physical death. The matter of will (self-will or God’s will) is the more difficult part of the Step for me. It is only when I have experienced enough emotional pain, through failed attempts to fix myself, that I become willing to surrender to God’s will for my life. Surrender is like the calm after the storm. When my will is in line with God’s will for me, there is peace within.

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