Hacia la libertad emocional

20/VIII

Puesto que nuestras relaciones defectuosas con otros seres humanos han sido casi siempre la causa inmediata de nuestros infortunios, incluyendo nuestro alcoholismo, ningún campo de investigación podría producir más satisfacción y recompensas más valiosas que éste.

Doce pasos y doce tradiciones, p. 86

La buena voluntad es algo peculiar para mí porque, con el tiempo, parece venir primero con conciencia, pero después con un sentimiento de incomodidad que me hace querer ponerme en acción. Mientras yo pensaba en dar el Octavo Paso, mi disposición a hacer reparaciones me llegó como un deseo de perdonar a otros y a mí mismo. Sentí el perdón hacia otros después de darme cuenta de mi parte en las dificultades de mis relaciones. Quería sentir la paz y la serenidad descritas en las Promesas. Por la práctica de los siete primeros Pasos, me di cuenta de a quiénes había causado daño y de que yo había sido mi peor enemigo. Para restaurar mis relaciones con mis semejantes, sabía que tendría que cambiar. Quería aprender a vivir en armonía conmigo mismo y con otros para que así pudiera también vivir en libertad emocional. El principio del fin de mi aislamiento de mis compañeros y de Dios me llegó cuando escribí la lista de mi Octavo Paso.

sunglider

Toward emotional freedom

Since defective relations with other human beings have nearly always been the immediate cause of our woes, including our alcoholism, no field of investigation could yield more satisfying and valuable rewards than this one.

Twelve steps and twelve traditions , p. 80

Willingness is a peculiar thing for me in that, over a period of time, it seems to come, first with awareness, but then with a feeling of discomfort, making me want to take some action. As I reflected on taking the Eighth Step, my willingness to make amends to others came as a desire for forgiveness, of others and myself. I felt forgiveness toward others after I became aware of my part in the difficulties of relationships. I wanted to feel the peace and serenity described in the Promises. From working the first seven Steps, I became aware of whom I had harmed and that I had been my own worst enemy. In order to restore my relationships with my fellow human beings, I knew I would have to change. I wanted to learn to live in harmony with myself and others so that I could also live in emotional freedom. The beginning of the end to my isolation – from my fellows and from God – came when I wrote my Eighth Step list.

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