La enseñanza nunca acaba

26/III

Entrégate a Dios, tal como tú Lo concibes. Admite tus faltas ante Él y ante tus semejantes. Limpia de escombros tu pasado. Da con largueza de lo que has encontrado y únete a nosotros. Estaremos contigo en la Fraternidad del Espíritu, y seguramente te encontrarás con algunos de nosotros cuando vayas por el Camino del Destino Feliz. Que Dios te bendiga y conserve hasta entonces.

Alcohólicos Anónimos, p. 151

Cada vez que leo estas palabras se me hace un nudo en la garganta. Al principio era porque sentía, “¡Oh no! Se acabó la enseñanza. Ahora tengo que hacerlo solo. Nunca volveré a ser tan nuevo, otra vez”. Hoy, cuando leo las mismas palabras, siento un profundo afecto por los pioneros de A.A., dándome cuenta de que resumen todo en lo que creo y todo por lo que me esfuerzo; y que – con la bendición de Dios – la enseñanza nunca se acaba, nunca tengo que hacerlo solo y cada día es un día nuevo.

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