Un milagro de A.A.

29/II

Salvo algunos breves momentos de tentación, el pensamiento de beber nunca ha vuelto a su mente; y en esos momentos de tentación, ha sentido una gran revulsión. Es aparente que no podría beber, ni aun queriendo hacerlo. Dios le ha devuelto la cordura.

Alcohólicos Anónimos, p. 53

La palabra “Dios” me infundió temor la primera vez que la vi asociada con los Doce Pasos de A.A. Había probado todos los métodos que podía para dejar de beber, y todavía me resultaba imposible sostener el deseo de hacerlo por algún período de tiempo. ¿Cómo podría creer en un “Dios” que me permitiese hundirme en la profunda desesperación que me ahogaba – ya fuera que bebiera o no?

La solución estaba en admitir al fin que podía ser posible para mí conocer mi misericordia de un Poder superior a mí mismo, que me podría conceder la sobriedad si yo estuviese dispuesto a “llegar a creer”. Admitir, pro fin, que yo era uno entre otros muchos, y seguir el ejemplo de mi padrino y de otros miembros de A.A., practicando una fe que yo no tenia, le ha dado a mi vida sentido, un objetivo y una dirección

Golden Tree

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